Posteado por: Raúl García Carpio | 3 mayo, 2012

Paolo Rossi, un gran historiador de la ciencia

A inicios de este año ha fallecido, a la edad de 89 años, el historiador de la ciencia y filósofo Paolo Rossi (1923-2012). Este filósofo italiano, vinculado a la Universidad de Florencia, no es tan conocido como pienso que debió serlo, es más, su nombre es homónimo de otros personajes como el famoso jugador de fútbol del Juventus.

Con algunos autores que uno lee a lo largo de su vida se llega a tener cierta empatía, ya sea por sus planteamientos, forma de escribir, profundidad y otro aspecto. Esto es lo que me pasó como lector de Paolo Rossi; como aficionado a la historia de la ciencia y la epistemología, afición que uno empieza a cultivar poco a poco, lo primero que leí de Rossi fue su libro “Los Filósofos y las Máquinas 1400 – 1700” (1962), luego de comprar con mi hermano libros de segunda mano dentro de la PUCP cuando estábamos en los primeros ciclos de Estudios Generales Letras.

En este libro, Rossi analiza los planteamientos de los grandes pensadores del renacimiento sobre el rol de las máquinas y los cambios que estaban experimentándose con el nacimiento del mundo moderno. En un libro pequeño como este uno se da cuenta ya de las ideas novedosas que presentaba esta investigador, las cuales han tardado tiempo en influir en la visión académica sobre la época del renacimiento. Rossi siempre trabajó con especial profundidad el cambio de visión del mundo antiguo y la edad media al mundo moderno, de la magia a la ciencia, analizando el nacimiento de ideas como las del progreso científico y los avances de la ciencia, y la polémica entre los “antiguos y los modernos”. Destacan en particular sus trabajos sobre Francis Bacon (Bacon: De la magia a la ciencia, 1957), del que fue unos de los principales especialistas a nivel mundial y el de haber analizado la importancia que han tenido en el mundo moderno debates como la necesidad de crear un “lenguaje universal”, tema desarrollado en su libro “Clavis Universalis: la Lógica Combinatoria de Lulio a Liebniz”. Sobre estos temas tuvo algunas discusiones con otra gran historiadora de quien esperamos escribir en algún momento, madame Francis Yates.

El último libro que leí de Rossi (solo se han traducido del italiano al castellano seis de su obras) fue su obra “El Pasado, la Memoria y el Olvido” (1991), una vez más encontrado de casualidad en Buenos Aires (traducido por una editorial pequeña y casi desconocida, llamada “Nueva Visión”), donde analiza el problema de la memoria con interesantes referencias no solo a los sistemas nemotécnicos sino a la literatura e incluso los avances de la neurociencia y del psicoanálisis. Cada vez es más difícil encontrar pensadores con una visión tan amplia de los temas y al mismo tiempo un conocimiento de primera mano como los de Paolo Rossi.

Paolo Rossi fue reconocido entre los especialistas en varias oportunidades, aunque principalmente en Italia y Europa. Destaca sin embargo, la medalla George Sarton que recibió en 1985 por la American History of Science Society.

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Posteado por: Raúl García Carpio | 21 diciembre, 2011

Una breve reseña de Barbara Orbison

Este 6 de diciembre, el mismo día que falleció Roy Orbison, pero 23 años después, ha fallecido de cáncer al páncreas Barbara Orbison, viuda de “The Big O”. Barbara, originaria de Alemania, fue la segunda esposa de Roy, y se casó con él cuando tenía solo 19 años y Roy 33 en 1969. Con Barbara Roy tuvo dos hijos, Roy Kelton Orbison, Jr. (1970) y Alexander Lee Orbison (1975). Como es conocido en la historia del rock, Roy Orbison fue muy desafortunado al perder a dos de sus hijos y a su primera esposa en diferentes accidentes.

Barbara Orbison, no solo significó un gran amor para Roy sino que conforme fue madurando lo alentó a renovar su carrera, siendo responsable en parte de su resurgimiento en los años ochenta y continuó luego de la muerte de Roy Orbison, el mejor cantante de rock de acuerdo a Elvis,  la labor de mantener su vigencia y destacar su legado en la historia del rock, siendo responsable de importantes producciones, quizá no todas las que hubiéramos querido, pero que muestran la obra de Roy Orbison y su influencia. Entre ellas destacan “A Black and White Night”, concierto en California de setiembre de 1987, cuya última versión en blu ray incluye una canción adicional “Blue Angel” que no estaba en el dvd original, catalogado unánimente como uno de los mejores conciertos en vídeo, por la calidad de sonido y los músicos que lo acompañan (Jackson Browne, Elvis Costello, T-Bone Burnett, J.D. Souther, Jennifer Warnes, k.d. lang, Bonnie Raitt, Bruce Springsteen y Tom Waits, además de la última banda de Elvis Presley y el percusionista peruano Alex Acuña). También destaca la obra “The Soul of Rock and Roll” donde se presentan en orden cronológico en cuatro cds y una presentación de lujo,  107 de las mejores canciones de Roy remasterizadas, incluyendo algunas de su último concierto.

Existen otras obras como los conciertos en Holanda y Francia de 1965 que se editaron en vhs en 1998 con el nombre de “Roy Orbison Combo Concert” y algunas que no llegaron a dar la luz como el concierto en homenaje de 1990 que tiene muy buenas versiones de canciones de Roy por parte de sus amigos.

La canción “Blue Angel” del concierto de 1987 incluida como bonus en la última versión en blu ray del concierto:

“Oooby Dooby”, la primera canción de Roy de 1955, cantada y tocada por John Fogerty en el concierto tributo organizado por Barbara Orbison en 1990:

Posteado por: Raúl García Carpio | 10 junio, 2011

Scotty Moore, un guitarrista pionero

Algunos grandes guitarristas no son tan conocidos debido a diferentes motivos, el principal en este caso es la forma como se grababa en los estudios a inicios de los cincuenta y el hecho de que conforme fue madurando el fenómeno del rock and roll, el protagonismo de los guitarristas se fue haciendo mayor, surgiendo la figura de los “guitar heros”, la cual debe mucho a Eric Clapton. Scotty Moore es un guitarrista de Tennessee nacido en 1931 que todavía sigue activo y fue quien acompañó a Elvis en sus primeras grabaciones.

Su influencia fue enorme en los inicios del rock and roll, el cual estuvo asociado al bluegrass y el rockability, siendo solo comparable a la de otros guitarristas que también acompañaron a Elvis como James Burton. Tal como me recordó un amigo, Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones, decía que mientras todos querían ser Elvis, el quería ser Scotty.

Hace poco tiempo grandes guitarristas como Eric Clapton y Mark Knopfler lo acompañaron a tocar estas primeras canciones con músicos de lujo mostrándole su aprecio y dejando que toque la guitarra principal siempre con el diferentes modelos gibson.

Eric Clapton cantando la primera canción que grabó Elvis para SUN Records en 1954 donde el guitarrista original justamente fue el Sr. Scotty Moore: “That’s all right” (mama)

El clásico “Mystery Train”

La cara B del primer sencillo de Elvis del mismo homenaje a Scotty Moore cantada por el líder de Dire Straits Mark Knopfler…

Tocando “Baby let’s play house”

Posteado por: Raúl García Carpio | 18 febrero, 2011

Un pequeño homenaje al gran guitarrista Gary Moore

Este 6 de febrero falleció a los 58 años el gran guitarrista irlandés Gary Moore mientras estaba de gira por España. Gary Moore ha sido más conocido por su incursión en el blues a inicios de los años noventa con su aclamado album “Still Got the Blues” (1990) donde contó con las colaboraciones de Albert King y Albert Collins, ambos fallecieron poco después, así como de George Harrison con quien realizara una breve colaboración para el super grupo “The Traveling Wilburys” y otros álbumes de blues como “After Hours” donde colabora con B.B. King. Si bien el sonido del blues de Moore era más fuerte, donde hacía gala del “substain”, no se puede negar que era un gran conocedor de ese género gracias a la influencia temprana que tuvo en él el guitarrista de Fleetwood Mac, Peter Green.

Sin embargo, Gary Moore ya era conocido como un guitarrista muy versátil desde muy joven gracias a sus colaboraciones con el grupo Skid Row, Thin Lizzy y Colosesum II así como sus álbumes solistas que se remontan hasta 1973.

Gary Moore era uno de los pocos guitarristas que se movía con soltura en varios géneros, incluyendo el hard rock y el heavy metal, habiendo colaborado también con Ozzy Osbourne, y tocado con una reagrupación del grupo Cream de los años noventa denominada BBM (Bruce, Baker y Moore) en lugar de Eric Clapton.

Su forma de tocar mostraba no sólo una buena técnica sino una gran pasión y sentimiento, que hizo que la primera vez que lo vimos nos diéramos cuenta de que estábamos ante un gran músico, incluso mi papá, a quien no le gusta mucho el rock, siempre pedía que pongamos con mi hermano alguno de sus videos. Como una muestra de su manera de tocar repasemos unos cuantos videos que se pueden encontrar en internet:

Su gran éxito “Still Got The Blues” en un concierto en Montreux de 1990:

Con el gran Albert King tocando “Stormy Monday” en un concierto en 1990:

Con B.B. King, una versión remozada de “The thrill is gone”

Con el genial y complicado bajista Philip Lynott de Thin Lizzy, el cual en una discusión le causara la marca en la cara característica de Gary Moore, la canción se llama “Parisienne walkways”

El clásico de Jimi Hendrix “Red House” del concierto del 2004 en homenaje a Leo Fender por los 50 años de la creación de la Stratocaster:

La versión de “Spoonfull” de Cream recreada con Jack Bruce y Ginger Baker a mediados de los noventa también en el festival de jazz de Montreux:

La faceta más heavy de su música con “Empty Rooms” en vivo en 1987, uno de sus mejores solos de guitarra:

Sin dudas, uno de los más grandes guitarristas de nuestro tiempo, quizá menos reconocido en los últimos años, aunque aparecía con frecuencia en los rankings que suelen hacer revistas como “Rolling Stone”. Lástima que la noticia en Perú haya pasado casi desapercibida, salvo por un post que le dedicó Gerardo Manuel en su blog. Nos perdimos la oportunidad de verlo, pues era posible que pasara por Perú en los próximos años. Descansa en paz Gary Moore.

En esta segunda parte discutiremos brevemente el rol del Estado en las economías modernas, las condiciones bajo las cuales debe intervenir y su papel en el logro de la justicia social.

El Rol del Estado

 No debe olvidarse que en todas estas sociedades ha habido una discusión anterior que está referida a la organización de la sociedad en su conjunto y que está relacionada al “contrato social” inicial. Mediante este contrato los individuos, a fin de posibilitar una convivencia viable, habrían delegado el poder a un grupo dirigente para que se impongan normas y se garanticen ciertos derechos básicos relacionados a resolución de conflictos, seguridad, salud, y en una etapa más avanzada, propiedad, siendo esta la base del origen del “Estado”. En este sentido el Estado ha sido una institución que, a pesar de los cambios, ha existido en casi toda la historia de la humanidad, por lo que la discusión sobre el grado de centralización de las economías se hace más relativa.

 El Estado ha intervenido en la organización económica de muchas formas a  lo largo de la historia, destacando, más recientemente, su participación en los sistemas mercantilistas, y en el Estado Moderno, basado en la república democrática. Este último tipo de Estado liberal ha estado ligado a formas de económica capitalista.

Sin embargo, nunca ha existido en sentido estricto un “capitalismo puro”, sino que ante los problemas en el funcionamiento de ciertos mercados “denominadas fallas de mercado”, como la existencia de monopolios naturales, asociados a economías de escala o costos hundidos, u oligopolios, y la consecuente fijación de precios abusivos o productos de baja calidad, el Estado, como representante de los ciudadanos, ha asumido la potestad de imponer precios máximos (“regular”), fijar estándares mínimos de calidad por debajo de los cuales sancionar a las empresas, entre otras medidas que limitan las acciones de los agentes. El Estado también interviene ante otros problemas como las “externalidades” dados los costos sociales no internalizados en las decisiones privadas ni en el sistema de precios, como la contaminación, y la provisión de “bienes públicos” donde no existen incentivos suficientes entre los agentes para proveerlos (“problema del free rider”).

Intervención del Estado y justicia social

La organización de la actividad económica está más bien asociada a la necesidad de compatibilizar los criterios de justicia social con la generación de incentivos para que los individuos realicen sus potencialidades, tomen sus propias decisiones y contribuyan al bienestar de la sociedad. En la medida que un sistema de mercado sólo es buen asignador de recursos en cuando existe competencia suficiente, el Estado siempre tendrá un rol redistributivo, pues de lo contrario se generarán una serie de problemas de acceso y distribución desigual de la riqueza.

Este rol redistributivo debe estar garantizado por un acuerdo de la sociedad sobre un nivel mínimo de bienestar al cual debería tener acceso un ciudadano. Este nivel mínimo, tal como lo plantea John Rawls, debería surgir de un “contrato” entre los individuos de la sociedad. En la medida que un individuo está en una situación donde no sepa ex ante si tendrá una posición de privilegio o exclusión, es decir “todos están sujetos a un velo de la ignorancia”, el garantizar un nivel de bienestar mínimo surge como algo deseable para todos los individuos que participen en la sociedad (criterio del maxmin, donde en un contexto de incertidumbre los individuos no pueden asignar probabilidad a los escenarios posibles). 

Una forma de garantizar este nivel mínimo es a través de mecanismos como los impuestos progresivos (mayores tasas a los que perciben mayores ingresos), mecanismo mediante el cual se pueden financiar servicios como la salud, educación, alimentación, que permitan a los individuos tener un grado similar de acceso a la “ciudadanía”. Este enfoque sería compatible con un sistema de propiedad privada e incentivos, y reduciría la posibilidad de un recorte de las libertades individuales, peligro de sistemas con mayor intervención estatal.

La existencia y poder de un Estado que imponga impuestos y realice una labor redistributiva, fije tarifas máximas o estándares de calidad, debe estar garantizada con un sistema participativo y democrático donde los individuos sólo tengan importancia en las decisiones por su condición de ciudadanos y no por su poder o riqueza relativa. Esta sería la única forma de permitir que el sistema económico actual sea dinámicamente estable y minimice los problemas de desigualdad de oportunidades, que es el tipo de desigualdad que una sociedad debería reducir, tal como lo plantea el premio Nobel de economía Amartya Sen, ya que impide el desarrollo de las capacidades de las personas.

Este arreglo “mixto” donde convivan mecanismos de mercado con un Estado fuerte que establezca límites al accionar de empresas o individuos a fin de garantizar el interés general, es consistente con la historia económica y acorde con los desarrollos de las teorías de la organización económica, específicamente con la denominada escuela de los “costos de transacción” (destacando los trabajos de Oliver Williamson). Estos costos están referidos a los costos en los que se incurre para que se lleve a cabo un contrato en un mecanismo descentralizado (“mercado”), y debe ser sopesado con la alternativa de organizar la actividad de forma más centralizada (“jerarquía”). En este sentido, la eficiencia relativa de cada mecanismo depende de aspectos tales como la naturaleza de las inversiones, el riesgo de oportunismo, la especificidad de las relaciones entre las partes, entre otros. En algunos casos serán eficientes las instituciones de mercado, dadas las ganancias del comercio y de la especialización, en otros será eficiente una organización más centralizada.

Por último, en la discusión sobre estos temas surgieron interesantes preguntas. Dos de ellas de particular importancia, la primera cuestionaba los supuestos de conducta de los individuos, en particular la búsqueda del interés propio y la necesidad de alinear los incentivos. Alguien mencionó que los individuos más bien se comportan asì producto de las reglas de juego existentes y que ese comportamiento no es inherente a la naturaleza humana, algo difícil de comprobar. Otra cuestión, asociada a la discusión entre el capitalismo y el socialismo, fue que el socialismo es, otra vez, inherentemente superior, en el sentido de tener una superioridad “moral” sobre el capitalismo. Este punto también es controvertido pues no permitiría en principio comparar ambos sistemas económicos.

 

La mejor forma de organización de las actividades económicas dentro de una sociedad es uno de los aspectos más debatidos a nivel filosófico y de política económica debido a las consecuencias que la adopción de determinado sistema económico tiene sobre el bienestar de los ciudadanos. En el desarrollo de las ciencias sociales, y en particular de la economía, han existido respuestas diferentes a la pregunta sobre cual es la mejor de organizar la vida económica de un país. Sin embargo, una respuesta contundente al debate es complicada debido a las dificultades metodológicas existentes en las ciencias sociales, y los problemas que existen para generalizar los hallazgos de la historia y antropología económica. En esta breve discusión, basada en una presentación que hice en los llamados Cafés Filósficos de la Asociación Cultural Buho Rojo (especificamente en el Café Filosófico Nº 324 del 14 de mayo del 2005, con el título resumido y ligeramente cambiado respecto a mi propuesta original de “Es el Socialismo superior al Capitalismo”), trato de generar una discusión de estos temas un poco más moderna en base a algunos alcances de la economía de la información y la economía institucional.

 La economía desde el punto de vista institucional

En este debate se fueron acuñando algunas definiciones, siendo una de las principales la “economía”, la cual Karl Polanyi define de un modo “sustantivo” como “el proceso institucionalizado de interacción continua entre el hombre y el medio, en base a la cual éste obtiene los medios materiales para satisfacer sus necesidades”. En este sentido, la organización de la actividad económica está inserta dentro de un sistema más amplio de cómo se organiza la sociedad y sus instituciones. 

En este contexto, el surgimiento del “mercado” como un intercambio orientado a obtener ganancias individuales, habría surgido según Polanyi alrededor del siglo V A.C., como una institución relativamente nueva que rompía esquemas de organización de las sociedades autárquicas. Incluso filósofos como Aristóteles tuvieron problemas para explicar su finalidad, pues no se concebía un comercio con el fin de la ganancia individual sino sólo con el fin de asegurar el autoabastecimiento de la “polis”.

La “Eficiencia” del Mercado

Ya desde el nacimiento de la ciencia económica ortodoxa, en el siglo XVIII, Adam Smith postuló que dejando que los individuos tomen sus decisiones producción y consumo de forma descentralizada, dentro de los mecanismos de mercado, se generarían los incentivos adecuados para que cada uno obtenga el mayor beneficio posible (“mano invisible”) y por lo tanto también la sociedad. De esta forma, surgía una primera gran corriente de pensamiento económico “liberal” donde se optaba por una solución “descentralizada” a la organización de la vida económica fundamentada en la concepción de que cada individuo busca su propio bienestar.

Estas ideas fueron formalizadas posteriormente dentro de la escuela “marginalista” y por economistas como Leon Walras y Wilfredo Pareto con los desarrollos de los modelos de equilibrio general competitivo. La idea es que si los individuos quieren maximizar su bienestar individual (“asociado al enfoque de decisión racional”), y los mercados funcionan correctamente generando las señales de precios adecuadas (producto de la interacción entre la oferta y la demanda), que dan a los individuos los incentivos correctos para asignar  los recursos, tanto para la inversión como para el consumo. Ello llevará al logro no solo de la eficiencia productiva (producción al menor costo) sino también de la eficiencia asignativa (precios iguales a costos marginales). Estos planteamientos y desarrollos metodológicos constituyen la esencia de la microeconomía actual, conocida como “escuela neoclásica”.

La Alternativa Socialista

Sin embargo, el avance del “capitalismo salvaje” y los problemas sociales que se originaron, llevó a que importantes pensadores como Carlos Marx, realizaran un análisis histórico sobre la evolución de las relaciones económicas de producción y acumulación, y argumentaran que el sistema capitalista imperante era insostenible, ya que llevaría a una creciente monopolización del capital, en una búsqueda de detener la tendencia decreciente de ganancia, con el consecuente incremento del desempleo de la mayor parte de la población. Ello llevaría a un rompimiento violento a través de la revolución popular dando lugar a un gobierno socialista, el cual conduciría a una etapa más avanzada, denominada comunismo, donde no existiría propiedad y cada quien aportaría a la sociedad de acuerdo a sus capacidades.

Esta teoría influyó fuertemente en los gobiernos socialistas, que surgen fundamentalmente durante los dos primeros tercios del siglo pasado, los cuales abolieron la propiedad privada y crearon un sistema centralizado donde las decisiones de producción no las tomaba cada individuo o empresa sino más bien el Estado a través de una entidad encargada de la planificación. En teoría, se pensaba que este esquema podía llevar al mismo nivel de eficiencia que el sistema de mercado, aunque en base a costos de oportunidad y no a precios, pero permitía además la introducción de criterios de equidad y acceso a todos los ciudadanos. En este sentido, tendría una superioridad “moral” sobre el capitalismo.

Sin embargo, estas experiencias de “socialismo real” no fueron exitosas, debido, entre otras razones, a los problemas intrínsecos, si se considera que los agentes son por naturaleza individualistas, que tiene este tipo de organización como los incentivos a no realizar el mayor esfuerzo en un contexto de propiedad común, la corrupción de la clase dirigente y la imposibilidad computacional de tomar decisiones centralizadas que se adapten a las preferencias de los diferentes individuos, tal como lo han mostrado los estudios de Joseph Stiglitz.

Posteado por: Raúl García Carpio | 3 enero, 2011

Sobre el Origen y la Crisis de la Idea de Progreso (III)

Balance y Replanteamientos

Un aspecto que es importante rescatar es la innegabilidad del progreso material experimentado en el mundo en los últimos siglos. Las condiciones promedio de vida de la edad media son incomparables con las de la actualidad, hay mucha menos ignorancia, zozobra y temor por la seguridad personal. El mundo occidental ha fortalecido lo que se podría considerar el mejor sistema social que haya existido. Se han garantizado muchas libertades individuales y se está en condiciones tecnológicas  de acabar con el hambre en todo el mundo. Lo que parece necesitarse es que los gobiernos y todos los ciudadanos tomen en cuenta las consecuencias de sus actos sobre el futuro de la humanidad y entiendan, como dice Popper, que su responsabilidad no termina con su muerte.

En este sentido, y siguiendo nuevamente a Popper (1995), parece necesario que paralelo a este optimismo en lo que atañe al presente, debe tenerse cuidado de no prolongarlo fácilmente al futuro, no existe algo así como una ley del progreso, ni siquiera en la ciencia ni en la técnica, el progreso no se puede conceptualizar ni siquiera como probable. Para Popper, a pesar de la “alta traición” de muchos intelectuales, que anuncian una nueva religión pesimista, según la cual vivimos en un infierno moral y nos encaminamos a la destrucción y que  estamos inmersos en una estructura de poder que aniquila a los sujetos , la verdad es que por el contrario nunca ha habido una sociedad tan dispuesta a hacer reformas como la nuestra y que existe una disposición ética a hacer sacrificios, y que, más bien, contrariamente a lo que se dice somos demasiados  “buenos“ que nos dejamos convencer sin antes hacer un análisis riguroso por ideologías con un gran llamado ético como el comunismo. Para él la postura de un “racionalismo crítico” está más vigente que nunca y hace un llamado para cuidarse de adoptar posturas “críticas” que en verdad esconden muchas veces más que una desconfianza gratuita en la ciencia y resurgimiento del “ Irracionalismo “

Popper cree necesario este corte tajante del pasado con el futuro, aunque uno influya en el otro, dejar descansar el porvenir en percepciones ideologizadas de lo que vendrá es renunciar a la libertad y capacidad de acción. El futuro está abierto, y nosotros somos responsables en conseguir un futuro todavía mejor que el presente. De allí que planteamientos como los de Francis Fukuyama (1990) acerca del “Fin de la historia”, le parezcan disparates insostenibles, ya que el autor no hace mas que retomar a Hegel y afirmar que en el mundo la historia está llegando a un fin (telos) entendido como la paulatina ausencia de conflictos ideológicos, esta surgiendo un consenso sobre la deseabilidad de la Democracia Liberal como sistema político y del Capitalismo como sistema económico. De esta forma el Resurgimiento de los Fundamentalismos en las naciones islámicas y el Neofascismo no serian mas que conflictos surgidos en estados en proceso de adecuación. Ya no existirán los estados presas de la historia y los conflictos a gran escala desaparecerán. Estas afirmaciones hacen ver que en Fukuyama existe el peligro de querer avisorar tendencias necesarias en la historia, lo que haría a su propuesta fácilmente criticable como una nueva postura historicista, además de criticas referidas a su sesgada interpretación de Hegel . Por otro lado Fukuyama esta ligado al “Liberalismo Doctrinal” y al ser consciente de que las principales ideologías fluyen del Primer al Tercer Mundo, no existiría una clara objetividad en su análisis.

También es útil analizar el papel que manifestaciones culturales como la Religión pueden tener en la, para Nisbet, necesaria rehabilitación de una idea de progreso redefinida, él destaca el papel del Cristianismo en este proceso, su concepción sobre un sentido y finalidad de la historia, como es la perfección del género humano y la construcción del Reino de Dios sobre la tierra habría sido uno de los elementos dinamizadores más importantes del progreso occidental. Así lo reconoce el teólogo evangelista Francis A. Schaeffer (1969), al citar la interpretación que dio Francis Bacon a la Caída “El hombre, al caer, cayó simultáneamente de sus estado de inocencia y dominio que ejercía sobre la naturaleza, ambas pérdidas pueden ser reparadas en parte, la primera por la religión y la fe, la segunda mediante las artes y las ciencias”. Por otro lado la convicción de que existe un Dios Razonable está en la base de la idea del progreso científico alcanzable con la investigación rigurosa.

El cristianismo, tal como lo manifiesta Mircea Eliade (1968), es una religión histórica, hace protagonista al hombre de su historia y lo compromete en el servicio a los demás, contrariamente a lo que sucede con las religiones naturales, llenas de arquetipos y repeticiones, como las concepciones del tiempo cíclico y las religiones basadas en la reencarnación sucesiva, que traen como consecuencia que se niegue un papel a la solidaridad humana y el progreso sea una categoría carente de sentido, de este se explicaría la inmovilidad de estas sociedades, donde predominan sistemas de castas y se nota una gran indiferencia frente al sufrimiento ajeno, ya que se lo considera necesario en el proceso de purificación en vidas sucesivas.

Particularmente creemos que la meta del progreso de la humanidad es una meta deseable, pero debemos ser plenamente conscientes de lo que deseamos y la forma de alcanzarlo depende enteramente de nuestra capacidad y acción . Retos como la Erradicación de la pobreza a nivel Mundial (PNUD, 1995) nos obligan a buscar el diálogo permanente  entre organismos internacionales y gobiernos para hacer viables estos objetivos. Lo mismo se puede decir del Desarrollo Sostenible, las conferencias y reuniones mundiales sobre el medio ambiente están obligando a una redefinicion de los patrones de acumulación (CEPAL,1991; Banco Mundial 1993)  y el abandono de creencias netamente modernas como un progreso ilimitado y la reduplicación de las condiciones de vida de los Paises ricos en los Paises más pobres. Pautas como el elevado consumismo a expensas del medio y el desarrollo tecnológico intensivo en recursos se están empezando a dejar de lado.

En este sentido también se dirigen las criticas  culturales a las teorías de la Modernización y la economía del Desarrollo (Banuri, 1990), haciendo eco de los descontentos que ha traido la “Occidentalizacion” de sus planteamientos y el dominio de los “Mapas impersonales sobre los personales“, es decir tomar a los individuos como desprendidos de su entorno social, fisico e intelectual, contrariamente a una cultura personal en la que cada individuo se percibe a sí mismo en función a sus relaciones fluídas y continuas con los demás. La creencia de que el primer mapa (el impersonal) es superior es típica de Occidente, lo que tiene implicancias ontológicas (individualismo), epistemológicas (Positivismo y separación sujeto-objeto)  y Cosmológicas (instrumentalismo) .

En su visión alternativa, Banuri retoma la idea de progreso entendida como la “expansión de la conciencia de Opresión en la sociedad“, es decir ha habido una reducción de las libertades como consecuencia de la implementación de políticas arbitrarias. Se busca también destecnocratizar la noción de progreso, de tal manera que una fácil cuantificación no determine lo que es deseable y no  deseable,  sino que la decisión no quede fuera de los miembros de la sociedad.

De este modo se reivindican los modos propios (indígenas) de conocimiento, la resistencia a la centralización de la autoridad (Moreno, 1985) y una ruptura epistemológica mas fuerte  que busque la descentralización en la adquisición del conocimiento.

La toma en cuenta de estos problemas exige una participación multidisciplinaria de los científicos sociales, pero encierra el peligro del surgimiento de  un relativismo cultural que impida políticas coherentes y exige un mínimo rango de comparación entre los paises. En este sentido el trabajo del PNUD  sobre el Indice de Desarrollo Humano es una alternativa sensata y realista que permita evaluar el progreso relativo sobre la efectividad de las políticas en mejorar las condiciones de vida de los paises. Hay que tener en cuenta paralelamente que existe lo que los antropólogos llaman los rasgos culturales comparables, como la efectividad de las técnicas medicinales para aliviar la enfermedad, los cuales deben considerarse para no paralizarse en la inacción.

La crisis de la idea de progreso es lo bastante profunda como para que en varias ramas de la teoría social se están buscando formas de abordar el problema en el análisis de temas como el de la naturaleza de los movimientos sociales surgidos en las últimas décadas (ecologismo, Ambientalismo, Feminismo) los cuales no se pueden explicar sin recurrir a estas categorías tal como indican Riechmann y Fernández (1995). Estos últimos autores muestran cómo enfoques ligados al Interaccionismo Simbólico o la Acción Racional les ayudan a delimitar la posibilidad de la acción colectiva sobre la base de dos metas históricas: Evitar la destrucción del mundo (verosímil y cada vez más probable, como resultado no intencionado de las ciclópeas fuerzas movilizadas por un capitalismo industrial entregado a una ciega dinámica productivo – destructiva) y a reconstruir vínculos sociales sobre la base de la igualdad, libertad y solidaridad.                 

Referencias

Banuri, Tariq (1990) “Modernization and its Discontents: A  cultural perspective on the Theory of Development“, en: Marglin, Apffel y otros ( editores) Dominating Knowledge, Development, Culture and Resistance . Clarendon Press, Oxford, Cap. 3.

Banco Mundial. Informes sobre el  Desarrollo Mundial 1990 a 1996. Washington

Eliade, Mircea (1968) “El Mito del Eterno Retorno. Arquetipos y Repetición”. Buenos Aires – Barcelona : Emecé Editores.

Fukuyama, Francis (1990) El debate sobre el “Fin de la Historia” . Reviste Facetas, N° 89. 3/90

Hamilton, Gary (1994) “Civilizations and The Organization of the Economy” . En: Neil J. Smelser and Richard Swedberg ( editores) The Handbook of Economic Sociology. Princeton University Press , Princeton N.J. Russel Sage Foundation New York.

Miles, Ian y John Irvine (1979) “The Poverty of Progress. Changing Ways of Life in Industrial Societes”. Great Britain: Pergamon Press

Nisbet, Robert (1980) “Historia de la Idea de Progreso“ Barcelona : Editorial Gedisa.

Popper, Karl (1995) “La Responsabilidad de vivir “. Escritos sobre política, historia y conocimiento .Barcelona : Ediciones Paidos- Ibérica

Riechmann, Jorge y Francisco Fernandez Buey (1995) “Redes que dan Libertad, Introducción a los nuevos movimientos sociales”. Barcelona: Ediciones Paidos

Rossi, Paolo (1966) “Los filósofos y las máquinas 1400-1700“ Barcelona : Editorial LABOR

Sakaiya, Taichi (1994) “Historia del futuro : La sociedad del conocimiento“ Santiago de Chile : Editorial Andrés Bello

Schaeffer, Francis A. (1969) “Huyendo de la Razón” . Ediciones Evangélicas Europeas. Barcelona

Touraine, Alain (1995) “Crítica de la Modernidad“ Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica


Posteado por: Raúl García Carpio | 3 enero, 2011

Sobre el Origen y la Crisis de la Idea de Progreso (II)

En este segundo post referido al tema que nos ocupa repasaremos las principales críticas intelectuales a la idea de progreso.

Críticas Filosóficas a la Concepción Moderna de Progreso

Uno de los pensadores más importantes que han hecho una dura crítica a las concepciones deterministas sobre el progreso es Karl Popper (1973, 1995). En varias de sus obras y dentro de su defensa de la sociedad abierta y plural que ha conseguido Occidente, analiza como los sistemas “historicistas“ tales como el Hegeliano y el Marxista, traen serios peligros para la libertad humana. Las generalizaciones enunciadas en forma de leyes en el ámbito de la historia social son lógicamente insostenibles, y sólo pueden ser válidas si están circunscritas a períodos específicos.

Por su parte el movimiento Postmoderno, se centra en la relación que “metarelatos “ como los de legitimación de la ciencia y el progreso tienen en el papel que le asigna el hombre la modernidad. Pensadores como Jean Francois Lyotard (1990), al analizar la pragmática de la investigación científica contemporánea, ven en ésta un afán de buscar nuevas argumentaciones como salidas a la ” crisis del determinismo “. Para él, en la hipótesis deterministas, la legitimación del saber reposa sobre la concepción de que el sistema en el cual entran los insumos (inputs) obedece a una trayectoria regular y continua en la que lo obtenido (output) puede tomarse como medida de la eficiencia de los medios para alcanzar el conocimiento. Para él, el saber postmoderno no guarda esta “ performatividad “ (análisis sobre la base de la Performance), sino que este requisito, esencial para hablar del progreso científico no se cumple en muchos aspectos del saber moderno. Menciona por ejemplo el caso de la Mecánica Cuántica, que para él indicaría que ya “no es verdadero que la disminución de la incertidumbre, es decir la ausencia del control humano, disminuya a medida que aumenta la precisión: también aumenta“. Por otro lado también se pone en duda la legitimación de la ciencia como lenguaje denotativo formal que asigna valores de verdad, y no como una estructura ligada a los juegos del lenguaje. La lengua científica no cumpliría con los requisitos que le pide la lógica para la sintaxis de un sistema formal, tales como la consistencia (una axiomática no consistente con la negación podría derivar proposiciones y a la vez sus contrarias), la completitud (es decir el sistema no debe perder consistencia con nuevos axiomas) y la decidibilidad (debe existir un procedimiento que permita saber si una proposición pertenece o no al sistema). Para él, el resultado de Gödel sobre la incompletitud del sistema aritmético indica que la ciencia postmoderna se ha reconocido limitada y la fe moderna en el progreso infinito del conocimiento no es una certeza racionalmente sostenible. La mayoría de las ciencias deberían su estatuto a la existencia de un lenguaje cuyas reglas de funcionamiento no pueden ser demostradas, sino que son objeto de un consenso entre los expertos. La argumentación exigible para la aceptación de un enunciado científico está, pues, subordinada a la primera aceptación de las reglas que fijan los medios de la argumentación. En este contexto Lyotard admite, siguiendo a Kuhn dos tipos de “progreso“ en el saber, uno correspondiente a una nueva jugada (argumentación) en el marco de las reglas establecidas y otro a la investigación de nuevas reglas y por lo tanto un cambio de juego. El primer tipo es por su naturaleza limitado y el segundo puede no ser viable (como la búsqueda entre los lógico – matemáticos de nuevas axiomáticas)

Críticas referidas a cambios en la situación histórica actual

Hay un cuestionamiento mucho más pragmático a la idea del progreso humano, referida más bien a las posibilidades de seguir con el mismo patrón de acumulación y crecimiento a expensas del medio ambiente propio de la economía moderna. La concepción Baconiana del conocimiento como poder sobre la naturaleza parece cuestionada por hechos a los que Taichi Sakaiya (1994) llama “factores disgregadores“ que darían origen a una nueva civilización, la Techné (técnica) debe ser una herramienta para adaptarse a las restricciones impuestas por las circunstancias y no tanto una forma de dominio. En palabras de Sakaiya : “El afán de ampliar, expandir y acelerar la producción – el impulso principal del progreso tecnológico desde la revolución industrial – comenzó a detenerse en la década de los ochenta. En cambio los adelantos tecnológicos recientes de mayor impacto han sido los que producen diversificación de funciones, mayor difusión de la inteligencia y un uso más eficiente de los recursos“. Otro factor está asociado al suministro de recursos, que abarca variables como el medio ambiente, el clima y los rasgos naturales de los paisajes. Es aquí donde con la “crisis ecológica“, la amenaza a la capa de ozono y el “efecto invernadero “ creados por el uso de productos químicos específicos para fin más bien superfluos, ha surgido la conciencia de que el mundo es “finito“ y “ limitado “, y que nuestro hábitat puede ser destruido. Ello nos obliga a actuar en una forma responsable y revisar los presupuestos filosóficos y cosmológicos en que se ha estado basando el patrón de acumulación mundial. Por otra parte, la constatación de que el progreso material, que se creía alcanzaría a todos los seres humanos, no ha llegado a bastas zonas del mundo como en África en la que se da paralelamente una explosión demográfica y una grave escasez de alimentos, ha generado cierto escepticismo acerca de la viabilidad de muchos de estos países en el largo plazo.

Referencias

Hamilton, Gary (1994) “Civilizations and The Organization of the Economy” . En: Neil J. Smelser and Richard Swedberg ( editores) The Handbook of Economic Sociology. Princeton University Press , Princeton N.J. Russel Sage Foundation New York.

Lyotard, Jean – Francois (1990) “La condición Postmoderna. Informe sobre el saber”. 3era edición.Madrid : Cátedra- Teorema

Miles, Ian y John Irvine (1979) “The Poverty of Progress. Changing Ways of Life in Industrial Societes”. Great Britain: Pergamon Press

Nisbet, Robert (1980) “Historia de la Idea de Progreso“ Barcelona : Editorial Gedisa.

Popper, Karl

(1973) “La miseria del Historicismo” Madrid : Alianza Editorial

(1995) “La Responsabilidad de vivir “. Escritos sobre política, historia y conocimiento .Barcelona : Ediciones Paidos- Ibérica

Riechmann, Jorge y Francisco Fernandez Buey (1995) “Redes que dan Libertad, Introducción a los nuevos movimientos sociales”. Barcelona: Ediciones Paidos

Sakaiya, Taichi (1994) “Historia del futuro : La sociedad del conocimiento“ Santiago de Chile : Editorial Andrés Bello

Schaeffer, Francis A. (1969) “Huyendo de la Razón” . Ediciones Evangélicas Europeas. Barcelona

Touraine, Alain (1995) “Crítica de la Modernidad“ Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica


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