En esta segunda parte discutiremos brevemente el rol del Estado en las economías modernas, las condiciones bajo las cuales debe intervenir y su papel en el logro de la justicia social.

El Rol del Estado

 No debe olvidarse que en todas estas sociedades ha habido una discusión anterior que está referida a la organización de la sociedad en su conjunto y que está relacionada al “contrato social” inicial. Mediante este contrato los individuos, a fin de posibilitar una convivencia viable, habrían delegado el poder a un grupo dirigente para que se impongan normas y se garanticen ciertos derechos básicos relacionados a resolución de conflictos, seguridad, salud, y en una etapa más avanzada, propiedad, siendo esta la base del origen del “Estado”. En este sentido el Estado ha sido una institución que, a pesar de los cambios, ha existido en casi toda la historia de la humanidad, por lo que la discusión sobre el grado de centralización de las economías se hace más relativa.

 El Estado ha intervenido en la organización económica de muchas formas a  lo largo de la historia, destacando, más recientemente, su participación en los sistemas mercantilistas, y en el Estado Moderno, basado en la república democrática. Este último tipo de Estado liberal ha estado ligado a formas de económica capitalista.

Sin embargo, nunca ha existido en sentido estricto un “capitalismo puro”, sino que ante los problemas en el funcionamiento de ciertos mercados “denominadas fallas de mercado”, como la existencia de monopolios naturales, asociados a economías de escala o costos hundidos, u oligopolios, y la consecuente fijación de precios abusivos o productos de baja calidad, el Estado, como representante de los ciudadanos, ha asumido la potestad de imponer precios máximos (“regular”), fijar estándares mínimos de calidad por debajo de los cuales sancionar a las empresas, entre otras medidas que limitan las acciones de los agentes. El Estado también interviene ante otros problemas como las “externalidades” dados los costos sociales no internalizados en las decisiones privadas ni en el sistema de precios, como la contaminación, y la provisión de “bienes públicos” donde no existen incentivos suficientes entre los agentes para proveerlos (“problema del free rider”).

Intervención del Estado y justicia social

La organización de la actividad económica está más bien asociada a la necesidad de compatibilizar los criterios de justicia social con la generación de incentivos para que los individuos realicen sus potencialidades, tomen sus propias decisiones y contribuyan al bienestar de la sociedad. En la medida que un sistema de mercado sólo es buen asignador de recursos en cuando existe competencia suficiente, el Estado siempre tendrá un rol redistributivo, pues de lo contrario se generarán una serie de problemas de acceso y distribución desigual de la riqueza.

Este rol redistributivo debe estar garantizado por un acuerdo de la sociedad sobre un nivel mínimo de bienestar al cual debería tener acceso un ciudadano. Este nivel mínimo, tal como lo plantea John Rawls, debería surgir de un “contrato” entre los individuos de la sociedad. En la medida que un individuo está en una situación donde no sepa ex ante si tendrá una posición de privilegio o exclusión, es decir “todos están sujetos a un velo de la ignorancia”, el garantizar un nivel de bienestar mínimo surge como algo deseable para todos los individuos que participen en la sociedad (criterio del maxmin, donde en un contexto de incertidumbre los individuos no pueden asignar probabilidad a los escenarios posibles). 

Una forma de garantizar este nivel mínimo es a través de mecanismos como los impuestos progresivos (mayores tasas a los que perciben mayores ingresos), mecanismo mediante el cual se pueden financiar servicios como la salud, educación, alimentación, que permitan a los individuos tener un grado similar de acceso a la “ciudadanía”. Este enfoque sería compatible con un sistema de propiedad privada e incentivos, y reduciría la posibilidad de un recorte de las libertades individuales, peligro de sistemas con mayor intervención estatal.

La existencia y poder de un Estado que imponga impuestos y realice una labor redistributiva, fije tarifas máximas o estándares de calidad, debe estar garantizada con un sistema participativo y democrático donde los individuos sólo tengan importancia en las decisiones por su condición de ciudadanos y no por su poder o riqueza relativa. Esta sería la única forma de permitir que el sistema económico actual sea dinámicamente estable y minimice los problemas de desigualdad de oportunidades, que es el tipo de desigualdad que una sociedad debería reducir, tal como lo plantea el premio Nobel de economía Amartya Sen, ya que impide el desarrollo de las capacidades de las personas.

Este arreglo “mixto” donde convivan mecanismos de mercado con un Estado fuerte que establezca límites al accionar de empresas o individuos a fin de garantizar el interés general, es consistente con la historia económica y acorde con los desarrollos de las teorías de la organización económica, específicamente con la denominada escuela de los “costos de transacción” (destacando los trabajos de Oliver Williamson). Estos costos están referidos a los costos en los que se incurre para que se lleve a cabo un contrato en un mecanismo descentralizado (“mercado”), y debe ser sopesado con la alternativa de organizar la actividad de forma más centralizada (“jerarquía”). En este sentido, la eficiencia relativa de cada mecanismo depende de aspectos tales como la naturaleza de las inversiones, el riesgo de oportunismo, la especificidad de las relaciones entre las partes, entre otros. En algunos casos serán eficientes las instituciones de mercado, dadas las ganancias del comercio y de la especialización, en otros será eficiente una organización más centralizada.

Por último, en la discusión sobre estos temas surgieron interesantes preguntas. Dos de ellas de particular importancia, la primera cuestionaba los supuestos de conducta de los individuos, en particular la búsqueda del interés propio y la necesidad de alinear los incentivos. Alguien mencionó que los individuos más bien se comportan asì producto de las reglas de juego existentes y que ese comportamiento no es inherente a la naturaleza humana, algo difícil de comprobar. Otra cuestión, asociada a la discusión entre el capitalismo y el socialismo, fue que el socialismo es, otra vez, inherentemente superior, en el sentido de tener una superioridad “moral” sobre el capitalismo. Este punto también es controvertido pues no permitiría en principio comparar ambos sistemas económicos.

 

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La mejor forma de organización de las actividades económicas dentro de una sociedad es uno de los aspectos más debatidos a nivel filosófico y de política económica debido a las consecuencias que la adopción de determinado sistema económico tiene sobre el bienestar de los ciudadanos. En el desarrollo de las ciencias sociales, y en particular de la economía, han existido respuestas diferentes a la pregunta sobre cual es la mejor de organizar la vida económica de un país. Sin embargo, una respuesta contundente al debate es complicada debido a las dificultades metodológicas existentes en las ciencias sociales, y los problemas que existen para generalizar los hallazgos de la historia y antropología económica. En esta breve discusión, basada en una presentación que hice en los llamados Cafés Filósficos de la Asociación Cultural Buho Rojo (especificamente en el Café Filosófico Nº 324 del 14 de mayo del 2005, con el título resumido y ligeramente cambiado respecto a mi propuesta original de “Es el Socialismo superior al Capitalismo”), trato de generar una discusión de estos temas un poco más moderna en base a algunos alcances de la economía de la información y la economía institucional.

 La economía desde el punto de vista institucional

En este debate se fueron acuñando algunas definiciones, siendo una de las principales la “economía”, la cual Karl Polanyi define de un modo “sustantivo” como “el proceso institucionalizado de interacción continua entre el hombre y el medio, en base a la cual éste obtiene los medios materiales para satisfacer sus necesidades”. En este sentido, la organización de la actividad económica está inserta dentro de un sistema más amplio de cómo se organiza la sociedad y sus instituciones. 

En este contexto, el surgimiento del “mercado” como un intercambio orientado a obtener ganancias individuales, habría surgido según Polanyi alrededor del siglo V A.C., como una institución relativamente nueva que rompía esquemas de organización de las sociedades autárquicas. Incluso filósofos como Aristóteles tuvieron problemas para explicar su finalidad, pues no se concebía un comercio con el fin de la ganancia individual sino sólo con el fin de asegurar el autoabastecimiento de la “polis”.

La “Eficiencia” del Mercado

Ya desde el nacimiento de la ciencia económica ortodoxa, en el siglo XVIII, Adam Smith postuló que dejando que los individuos tomen sus decisiones producción y consumo de forma descentralizada, dentro de los mecanismos de mercado, se generarían los incentivos adecuados para que cada uno obtenga el mayor beneficio posible (“mano invisible”) y por lo tanto también la sociedad. De esta forma, surgía una primera gran corriente de pensamiento económico “liberal” donde se optaba por una solución “descentralizada” a la organización de la vida económica fundamentada en la concepción de que cada individuo busca su propio bienestar.

Estas ideas fueron formalizadas posteriormente dentro de la escuela “marginalista” y por economistas como Leon Walras y Wilfredo Pareto con los desarrollos de los modelos de equilibrio general competitivo. La idea es que si los individuos quieren maximizar su bienestar individual (“asociado al enfoque de decisión racional”), y los mercados funcionan correctamente generando las señales de precios adecuadas (producto de la interacción entre la oferta y la demanda), que dan a los individuos los incentivos correctos para asignar  los recursos, tanto para la inversión como para el consumo. Ello llevará al logro no solo de la eficiencia productiva (producción al menor costo) sino también de la eficiencia asignativa (precios iguales a costos marginales). Estos planteamientos y desarrollos metodológicos constituyen la esencia de la microeconomía actual, conocida como “escuela neoclásica”.

La Alternativa Socialista

Sin embargo, el avance del “capitalismo salvaje” y los problemas sociales que se originaron, llevó a que importantes pensadores como Carlos Marx, realizaran un análisis histórico sobre la evolución de las relaciones económicas de producción y acumulación, y argumentaran que el sistema capitalista imperante era insostenible, ya que llevaría a una creciente monopolización del capital, en una búsqueda de detener la tendencia decreciente de ganancia, con el consecuente incremento del desempleo de la mayor parte de la población. Ello llevaría a un rompimiento violento a través de la revolución popular dando lugar a un gobierno socialista, el cual conduciría a una etapa más avanzada, denominada comunismo, donde no existiría propiedad y cada quien aportaría a la sociedad de acuerdo a sus capacidades.

Esta teoría influyó fuertemente en los gobiernos socialistas, que surgen fundamentalmente durante los dos primeros tercios del siglo pasado, los cuales abolieron la propiedad privada y crearon un sistema centralizado donde las decisiones de producción no las tomaba cada individuo o empresa sino más bien el Estado a través de una entidad encargada de la planificación. En teoría, se pensaba que este esquema podía llevar al mismo nivel de eficiencia que el sistema de mercado, aunque en base a costos de oportunidad y no a precios, pero permitía además la introducción de criterios de equidad y acceso a todos los ciudadanos. En este sentido, tendría una superioridad “moral” sobre el capitalismo.

Sin embargo, estas experiencias de “socialismo real” no fueron exitosas, debido, entre otras razones, a los problemas intrínsecos, si se considera que los agentes son por naturaleza individualistas, que tiene este tipo de organización como los incentivos a no realizar el mayor esfuerzo en un contexto de propiedad común, la corrupción de la clase dirigente y la imposibilidad computacional de tomar decisiones centralizadas que se adapten a las preferencias de los diferentes individuos, tal como lo han mostrado los estudios de Joseph Stiglitz.

Posteado por: Raúl García Carpio | 3 enero, 2011

Sobre el Origen y la Crisis de la Idea de Progreso (III)

Balance y Replanteamientos

Un aspecto que es importante rescatar es la innegabilidad del progreso material experimentado en el mundo en los últimos siglos. Las condiciones promedio de vida de la edad media son incomparables con las de la actualidad, hay mucha menos ignorancia, zozobra y temor por la seguridad personal. El mundo occidental ha fortalecido lo que se podría considerar el mejor sistema social que haya existido. Se han garantizado muchas libertades individuales y se está en condiciones tecnológicas  de acabar con el hambre en todo el mundo. Lo que parece necesitarse es que los gobiernos y todos los ciudadanos tomen en cuenta las consecuencias de sus actos sobre el futuro de la humanidad y entiendan, como dice Popper, que su responsabilidad no termina con su muerte.

En este sentido, y siguiendo nuevamente a Popper (1995), parece necesario que paralelo a este optimismo en lo que atañe al presente, debe tenerse cuidado de no prolongarlo fácilmente al futuro, no existe algo así como una ley del progreso, ni siquiera en la ciencia ni en la técnica, el progreso no se puede conceptualizar ni siquiera como probable. Para Popper, a pesar de la “alta traición” de muchos intelectuales, que anuncian una nueva religión pesimista, según la cual vivimos en un infierno moral y nos encaminamos a la destrucción y que  estamos inmersos en una estructura de poder que aniquila a los sujetos , la verdad es que por el contrario nunca ha habido una sociedad tan dispuesta a hacer reformas como la nuestra y que existe una disposición ética a hacer sacrificios, y que, más bien, contrariamente a lo que se dice somos demasiados  “buenos“ que nos dejamos convencer sin antes hacer un análisis riguroso por ideologías con un gran llamado ético como el comunismo. Para él la postura de un “racionalismo crítico” está más vigente que nunca y hace un llamado para cuidarse de adoptar posturas “críticas” que en verdad esconden muchas veces más que una desconfianza gratuita en la ciencia y resurgimiento del “ Irracionalismo “

Popper cree necesario este corte tajante del pasado con el futuro, aunque uno influya en el otro, dejar descansar el porvenir en percepciones ideologizadas de lo que vendrá es renunciar a la libertad y capacidad de acción. El futuro está abierto, y nosotros somos responsables en conseguir un futuro todavía mejor que el presente. De allí que planteamientos como los de Francis Fukuyama (1990) acerca del “Fin de la historia”, le parezcan disparates insostenibles, ya que el autor no hace mas que retomar a Hegel y afirmar que en el mundo la historia está llegando a un fin (telos) entendido como la paulatina ausencia de conflictos ideológicos, esta surgiendo un consenso sobre la deseabilidad de la Democracia Liberal como sistema político y del Capitalismo como sistema económico. De esta forma el Resurgimiento de los Fundamentalismos en las naciones islámicas y el Neofascismo no serian mas que conflictos surgidos en estados en proceso de adecuación. Ya no existirán los estados presas de la historia y los conflictos a gran escala desaparecerán. Estas afirmaciones hacen ver que en Fukuyama existe el peligro de querer avisorar tendencias necesarias en la historia, lo que haría a su propuesta fácilmente criticable como una nueva postura historicista, además de criticas referidas a su sesgada interpretación de Hegel . Por otro lado Fukuyama esta ligado al “Liberalismo Doctrinal” y al ser consciente de que las principales ideologías fluyen del Primer al Tercer Mundo, no existiría una clara objetividad en su análisis.

También es útil analizar el papel que manifestaciones culturales como la Religión pueden tener en la, para Nisbet, necesaria rehabilitación de una idea de progreso redefinida, él destaca el papel del Cristianismo en este proceso, su concepción sobre un sentido y finalidad de la historia, como es la perfección del género humano y la construcción del Reino de Dios sobre la tierra habría sido uno de los elementos dinamizadores más importantes del progreso occidental. Así lo reconoce el teólogo evangelista Francis A. Schaeffer (1969), al citar la interpretación que dio Francis Bacon a la Caída “El hombre, al caer, cayó simultáneamente de sus estado de inocencia y dominio que ejercía sobre la naturaleza, ambas pérdidas pueden ser reparadas en parte, la primera por la religión y la fe, la segunda mediante las artes y las ciencias”. Por otro lado la convicción de que existe un Dios Razonable está en la base de la idea del progreso científico alcanzable con la investigación rigurosa.

El cristianismo, tal como lo manifiesta Mircea Eliade (1968), es una religión histórica, hace protagonista al hombre de su historia y lo compromete en el servicio a los demás, contrariamente a lo que sucede con las religiones naturales, llenas de arquetipos y repeticiones, como las concepciones del tiempo cíclico y las religiones basadas en la reencarnación sucesiva, que traen como consecuencia que se niegue un papel a la solidaridad humana y el progreso sea una categoría carente de sentido, de este se explicaría la inmovilidad de estas sociedades, donde predominan sistemas de castas y se nota una gran indiferencia frente al sufrimiento ajeno, ya que se lo considera necesario en el proceso de purificación en vidas sucesivas.

Particularmente creemos que la meta del progreso de la humanidad es una meta deseable, pero debemos ser plenamente conscientes de lo que deseamos y la forma de alcanzarlo depende enteramente de nuestra capacidad y acción . Retos como la Erradicación de la pobreza a nivel Mundial (PNUD, 1995) nos obligan a buscar el diálogo permanente  entre organismos internacionales y gobiernos para hacer viables estos objetivos. Lo mismo se puede decir del Desarrollo Sostenible, las conferencias y reuniones mundiales sobre el medio ambiente están obligando a una redefinicion de los patrones de acumulación (CEPAL,1991; Banco Mundial 1993)  y el abandono de creencias netamente modernas como un progreso ilimitado y la reduplicación de las condiciones de vida de los Paises ricos en los Paises más pobres. Pautas como el elevado consumismo a expensas del medio y el desarrollo tecnológico intensivo en recursos se están empezando a dejar de lado.

En este sentido también se dirigen las criticas  culturales a las teorías de la Modernización y la economía del Desarrollo (Banuri, 1990), haciendo eco de los descontentos que ha traido la “Occidentalizacion” de sus planteamientos y el dominio de los “Mapas impersonales sobre los personales“, es decir tomar a los individuos como desprendidos de su entorno social, fisico e intelectual, contrariamente a una cultura personal en la que cada individuo se percibe a sí mismo en función a sus relaciones fluídas y continuas con los demás. La creencia de que el primer mapa (el impersonal) es superior es típica de Occidente, lo que tiene implicancias ontológicas (individualismo), epistemológicas (Positivismo y separación sujeto-objeto)  y Cosmológicas (instrumentalismo) .

En su visión alternativa, Banuri retoma la idea de progreso entendida como la “expansión de la conciencia de Opresión en la sociedad“, es decir ha habido una reducción de las libertades como consecuencia de la implementación de políticas arbitrarias. Se busca también destecnocratizar la noción de progreso, de tal manera que una fácil cuantificación no determine lo que es deseable y no  deseable,  sino que la decisión no quede fuera de los miembros de la sociedad.

De este modo se reivindican los modos propios (indígenas) de conocimiento, la resistencia a la centralización de la autoridad (Moreno, 1985) y una ruptura epistemológica mas fuerte  que busque la descentralización en la adquisición del conocimiento.

La toma en cuenta de estos problemas exige una participación multidisciplinaria de los científicos sociales, pero encierra el peligro del surgimiento de  un relativismo cultural que impida políticas coherentes y exige un mínimo rango de comparación entre los paises. En este sentido el trabajo del PNUD  sobre el Indice de Desarrollo Humano es una alternativa sensata y realista que permita evaluar el progreso relativo sobre la efectividad de las políticas en mejorar las condiciones de vida de los paises. Hay que tener en cuenta paralelamente que existe lo que los antropólogos llaman los rasgos culturales comparables, como la efectividad de las técnicas medicinales para aliviar la enfermedad, los cuales deben considerarse para no paralizarse en la inacción.

La crisis de la idea de progreso es lo bastante profunda como para que en varias ramas de la teoría social se están buscando formas de abordar el problema en el análisis de temas como el de la naturaleza de los movimientos sociales surgidos en las últimas décadas (ecologismo, Ambientalismo, Feminismo) los cuales no se pueden explicar sin recurrir a estas categorías tal como indican Riechmann y Fernández (1995). Estos últimos autores muestran cómo enfoques ligados al Interaccionismo Simbólico o la Acción Racional les ayudan a delimitar la posibilidad de la acción colectiva sobre la base de dos metas históricas: Evitar la destrucción del mundo (verosímil y cada vez más probable, como resultado no intencionado de las ciclópeas fuerzas movilizadas por un capitalismo industrial entregado a una ciega dinámica productivo – destructiva) y a reconstruir vínculos sociales sobre la base de la igualdad, libertad y solidaridad.                 

Referencias

Banuri, Tariq (1990) “Modernization and its Discontents: A  cultural perspective on the Theory of Development“, en: Marglin, Apffel y otros ( editores) Dominating Knowledge, Development, Culture and Resistance . Clarendon Press, Oxford, Cap. 3.

Banco Mundial. Informes sobre el  Desarrollo Mundial 1990 a 1996. Washington

Eliade, Mircea (1968) “El Mito del Eterno Retorno. Arquetipos y Repetición”. Buenos Aires – Barcelona : Emecé Editores.

Fukuyama, Francis (1990) El debate sobre el “Fin de la Historia” . Reviste Facetas, N° 89. 3/90

Hamilton, Gary (1994) “Civilizations and The Organization of the Economy” . En: Neil J. Smelser and Richard Swedberg ( editores) The Handbook of Economic Sociology. Princeton University Press , Princeton N.J. Russel Sage Foundation New York.

Miles, Ian y John Irvine (1979) “The Poverty of Progress. Changing Ways of Life in Industrial Societes”. Great Britain: Pergamon Press

Nisbet, Robert (1980) “Historia de la Idea de Progreso“ Barcelona : Editorial Gedisa.

Popper, Karl (1995) “La Responsabilidad de vivir “. Escritos sobre política, historia y conocimiento .Barcelona : Ediciones Paidos- Ibérica

Riechmann, Jorge y Francisco Fernandez Buey (1995) “Redes que dan Libertad, Introducción a los nuevos movimientos sociales”. Barcelona: Ediciones Paidos

Rossi, Paolo (1966) “Los filósofos y las máquinas 1400-1700“ Barcelona : Editorial LABOR

Sakaiya, Taichi (1994) “Historia del futuro : La sociedad del conocimiento“ Santiago de Chile : Editorial Andrés Bello

Schaeffer, Francis A. (1969) “Huyendo de la Razón” . Ediciones Evangélicas Europeas. Barcelona

Touraine, Alain (1995) “Crítica de la Modernidad“ Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica


Posteado por: Raúl García Carpio | 3 enero, 2011

Sobre el Origen y la Crisis de la Idea de Progreso (II)

En este segundo post referido al tema que nos ocupa repasaremos las principales críticas intelectuales a la idea de progreso.

Críticas Filosóficas a la Concepción Moderna de Progreso

Uno de los pensadores más importantes que han hecho una dura crítica a las concepciones deterministas sobre el progreso es Karl Popper (1973, 1995). En varias de sus obras y dentro de su defensa de la sociedad abierta y plural que ha conseguido Occidente, analiza como los sistemas “historicistas“ tales como el Hegeliano y el Marxista, traen serios peligros para la libertad humana. Las generalizaciones enunciadas en forma de leyes en el ámbito de la historia social son lógicamente insostenibles, y sólo pueden ser válidas si están circunscritas a períodos específicos.

Por su parte el movimiento Postmoderno, se centra en la relación que “metarelatos “ como los de legitimación de la ciencia y el progreso tienen en el papel que le asigna el hombre la modernidad. Pensadores como Jean Francois Lyotard (1990), al analizar la pragmática de la investigación científica contemporánea, ven en ésta un afán de buscar nuevas argumentaciones como salidas a la ” crisis del determinismo “. Para él, en la hipótesis deterministas, la legitimación del saber reposa sobre la concepción de que el sistema en el cual entran los insumos (inputs) obedece a una trayectoria regular y continua en la que lo obtenido (output) puede tomarse como medida de la eficiencia de los medios para alcanzar el conocimiento. Para él, el saber postmoderno no guarda esta “ performatividad “ (análisis sobre la base de la Performance), sino que este requisito, esencial para hablar del progreso científico no se cumple en muchos aspectos del saber moderno. Menciona por ejemplo el caso de la Mecánica Cuántica, que para él indicaría que ya “no es verdadero que la disminución de la incertidumbre, es decir la ausencia del control humano, disminuya a medida que aumenta la precisión: también aumenta“. Por otro lado también se pone en duda la legitimación de la ciencia como lenguaje denotativo formal que asigna valores de verdad, y no como una estructura ligada a los juegos del lenguaje. La lengua científica no cumpliría con los requisitos que le pide la lógica para la sintaxis de un sistema formal, tales como la consistencia (una axiomática no consistente con la negación podría derivar proposiciones y a la vez sus contrarias), la completitud (es decir el sistema no debe perder consistencia con nuevos axiomas) y la decidibilidad (debe existir un procedimiento que permita saber si una proposición pertenece o no al sistema). Para él, el resultado de Gödel sobre la incompletitud del sistema aritmético indica que la ciencia postmoderna se ha reconocido limitada y la fe moderna en el progreso infinito del conocimiento no es una certeza racionalmente sostenible. La mayoría de las ciencias deberían su estatuto a la existencia de un lenguaje cuyas reglas de funcionamiento no pueden ser demostradas, sino que son objeto de un consenso entre los expertos. La argumentación exigible para la aceptación de un enunciado científico está, pues, subordinada a la primera aceptación de las reglas que fijan los medios de la argumentación. En este contexto Lyotard admite, siguiendo a Kuhn dos tipos de “progreso“ en el saber, uno correspondiente a una nueva jugada (argumentación) en el marco de las reglas establecidas y otro a la investigación de nuevas reglas y por lo tanto un cambio de juego. El primer tipo es por su naturaleza limitado y el segundo puede no ser viable (como la búsqueda entre los lógico – matemáticos de nuevas axiomáticas)

Críticas referidas a cambios en la situación histórica actual

Hay un cuestionamiento mucho más pragmático a la idea del progreso humano, referida más bien a las posibilidades de seguir con el mismo patrón de acumulación y crecimiento a expensas del medio ambiente propio de la economía moderna. La concepción Baconiana del conocimiento como poder sobre la naturaleza parece cuestionada por hechos a los que Taichi Sakaiya (1994) llama “factores disgregadores“ que darían origen a una nueva civilización, la Techné (técnica) debe ser una herramienta para adaptarse a las restricciones impuestas por las circunstancias y no tanto una forma de dominio. En palabras de Sakaiya : “El afán de ampliar, expandir y acelerar la producción – el impulso principal del progreso tecnológico desde la revolución industrial – comenzó a detenerse en la década de los ochenta. En cambio los adelantos tecnológicos recientes de mayor impacto han sido los que producen diversificación de funciones, mayor difusión de la inteligencia y un uso más eficiente de los recursos“. Otro factor está asociado al suministro de recursos, que abarca variables como el medio ambiente, el clima y los rasgos naturales de los paisajes. Es aquí donde con la “crisis ecológica“, la amenaza a la capa de ozono y el “efecto invernadero “ creados por el uso de productos químicos específicos para fin más bien superfluos, ha surgido la conciencia de que el mundo es “finito“ y “ limitado “, y que nuestro hábitat puede ser destruido. Ello nos obliga a actuar en una forma responsable y revisar los presupuestos filosóficos y cosmológicos en que se ha estado basando el patrón de acumulación mundial. Por otra parte, la constatación de que el progreso material, que se creía alcanzaría a todos los seres humanos, no ha llegado a bastas zonas del mundo como en África en la que se da paralelamente una explosión demográfica y una grave escasez de alimentos, ha generado cierto escepticismo acerca de la viabilidad de muchos de estos países en el largo plazo.

Referencias

Hamilton, Gary (1994) “Civilizations and The Organization of the Economy” . En: Neil J. Smelser and Richard Swedberg ( editores) The Handbook of Economic Sociology. Princeton University Press , Princeton N.J. Russel Sage Foundation New York.

Lyotard, Jean – Francois (1990) “La condición Postmoderna. Informe sobre el saber”. 3era edición.Madrid : Cátedra- Teorema

Miles, Ian y John Irvine (1979) “The Poverty of Progress. Changing Ways of Life in Industrial Societes”. Great Britain: Pergamon Press

Nisbet, Robert (1980) “Historia de la Idea de Progreso“ Barcelona : Editorial Gedisa.

Popper, Karl

(1973) “La miseria del Historicismo” Madrid : Alianza Editorial

(1995) “La Responsabilidad de vivir “. Escritos sobre política, historia y conocimiento .Barcelona : Ediciones Paidos- Ibérica

Riechmann, Jorge y Francisco Fernandez Buey (1995) “Redes que dan Libertad, Introducción a los nuevos movimientos sociales”. Barcelona: Ediciones Paidos

Sakaiya, Taichi (1994) “Historia del futuro : La sociedad del conocimiento“ Santiago de Chile : Editorial Andrés Bello

Schaeffer, Francis A. (1969) “Huyendo de la Razón” . Ediciones Evangélicas Europeas. Barcelona

Touraine, Alain (1995) “Crítica de la Modernidad“ Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica


Posteado por: Raúl García Carpio | 3 enero, 2011

Sobre el Origen y la Crisis de la Idea de Progreso (I)

Este post, al igual que otros que le seguirán se basa en algunos ensayos y trabajos realizados para la universidad y otras instituciones. En este caso, siendo todavía alumno de la facultad de la PUCP llevé un curso electivo denominado “Sociología del Desarrollo” con el profesor Dennis Sulmont, discípulo del ilustre sociólogo y filósofo Alan Touraine, autor de la importante obra “Crítica a la Modernidad” (1995). Sucede que el curso me pareció bastante interesante, debido a la visión amplia e informada de los temas. Este ensayo surgió como trabajo del curso, el cual se supone se publicarìa como parte de los materiales de enseñanza, lo cual nunca llegó a su suceder. Me hubiera gustado mejorarlo, pero lo presentaré con algunos cambios menores solo de edición. Ya han pasado casi quince años y alguna vez tenía que publicarse aunque sea de forma abierta en un blog.

En este post se analizan los principales factores que han llevado al actual cuestionamiento de la idea de “progreso” nacida en la modernidad, tanto en un sentido epistemológico como de bienestar material. Las críticas se han dividido en dos bloques principales como referidas principalmente a dos factores: las posturas intelectuales surgidas en países europeos , tales como el Postmodernismo  y los factores referidos más bien a cambios y problemas surgidos como la “crisis ambiental“  y el  llamado agotamiento de recursos que están llevando a su vez a un cuestionamiento más profundo de la mentalidad occidental. Luego se intenta esbozar varios planteamientos n ayudar a ubicarnos mejor frente a este debate y que nos hagan tratar de tomar una postura. En esta primera entrega trataré de resumir, en la medida de lo posible, como en la modernidad se redefinieron las ideas de progreso anteriores y se las situó dentro de una concepción del hombre y de la historia que antes no se había dado. También mostraré los problemas y males que desarrollos posteriores de esta concepción del progreso han traído (o se le han atribuido) tales como el racismo, o las ideologías fascistas y comunista.

La Idea de Progreso en la Modernidad

Los primeros pensadores modernos asociaron el progreso ligado principalmente al adelanto científico del cual eran testigos y de este hecho sacaron conclusiones sobre el progreso del género humano. Uno de los adalides del progreso científico moderno fue Francis Bacon (1561-1626). A decir de uno de los mayores conocedores de su obra, el profesor Paolo Rossi (1966), toda ella está destinada a sustituir una cultura del tipo retórico literario propia de la edad media por una de tipo técnico – científico. De allí su crítica a la lógica aristotélica, particularmente al Silogismo, que por su misma estructura no aportaba nuevos conocimientos, como sí lo harían el método inductivo y la experimentación, los cuales defendió arduamente. Él es plenamente consciente de que se estaba dando un cambio radical que depende de una serie de factores materiales que han hecho posible el “ advancement of learning “, tales como los inventos, el reflorecimiento de las artes mecánicas, los descubrimientos geográficos, los viajes de exploración, las nuevas condiciones políticas de Europa, los cuales han cambiado las condiciones de vida sobre la tierra.

Para él, todo saber (exceptuada la poesía) debe cumplir con dos características, la “progresividad“ y la “colaboración“. Todo lo que se observe, se estudie y se aprenda debe ponerse a disposición de todos y comunicárselos, porque “el lento acumularse de la experiencia, es la fuente y garantía del progreso del género humano“. Sobre la base de esta nueva concepción de la ciencia como construcción progresiva, fundada en la cooperación y como una realidad nunca acabada y siempre perfeccionable, se fue formando también un nuevo modo de considerar la historia humana. Así se puede entender el empeño que tienen Mersenne y Tassoni en afirmar la superioridad de los modernos sobre los antiguos, las conquistas de la ciencia y la técnica son un vivo testimonio de esta superioridad, el saber “transmisible” y utilizable por todos es superior a toda forma solitaria de sabiduría espiritual.

Será Descartes quien fundamente la validez del conocimiento en la certeza de un sujeto pensante que se reconoce como existente y que basándose en un riguroso método (la duda) se ha desembarazado de sus prejuicios y creencias anteriores, y al haberse dado cuenta que no puede ser engañado por un Dios perfecto, puede acceder racionalmente al conocimiento del mundo. Paralelamente ese mundo funciona de acuerdo con la mecánica (mecanicismo cartesiano) y se puede acceder a sus leyes por la vía de las matemáticas.

Principales Desarrollos de la idea de Progreso Moderna y sus Problemas

En esta parte me centraré en dos pensadores cuya influencia de distintas maneras ha sido innegable, como son Hegel, y Marx; otros intelectuales que han conceptualizado y desarrollado concepciones sobre el progreso como Herbert Spencer (1820-1903) y posteriormente Teilhard de Chardin (1881-1955), produjeron críticas y discusión entre sus contemporáneos, pero que no han trascendido tanto en el pensamiento occidental como los escogidos) Luego intentaré identificar los “males“ que habrían generado las concepciones hegeliana y marxista.

George Wilhem Friedrich Hegel.

Este filósofo, padre del Idealismo Alemán, es a decir de Nisbet (1980), el filósofo del siglo XIX en el que tiene mayor peso la idea de progreso, entendida como el avance a través de sucesivas etapas marcadas por las civilizaciones del pasado. Para él la historia sigue un proceso dialéctico, en el que el espíritu absoluto va desarrollándose y reconociéndose en el mundo, esto a través de las grandes síntesis culturales como el derecho romano, la ética y religión cristiana y la organización política ligada al fortalecimiento del estado. Para él todo este proceso confluye en el estado en su forma germánica. “Así Hegel logró, mejor que ningún otro filósofo en la historia universal, unir una fe absoluta en la inexorabilidad del progreso con una fe igualmente absoluta en el estado absoluto” Es en Hegel donde el etnocentrismo de la idea occidental de progreso se hace patente, para él es un resultado definitivo que el progreso humano era encarnado plena y únicamente por la Prusia de su época. Igualmente la afirmación de que  este estado absoluto es una realización la libertad, se debe entender como la participación voluntaria del individuo en una estructura de poder centralizada  y no como una noción de libertad frente al estado.

De este modo podemos encontrar en las concepciones de Hegel las semillas de lo que Nisbet llama “una de las manifestaciones del racismo entendidas como poder“ , el Racismo, se unió a la idea de que el progreso humano es algo inseparable de la existencia de grupos raciales históricos, la superioridad racial se empezó a argumentar especulando con teorías como las de la Selección Natural de Darwin. Así el Pangermanismo y la idea de la pureza de la raza propia del Nazismo, con todos los crímenes cometidos en su nombre, tales como el Holocausto Judío, encontraron un sustento ideológico muy fuerte en la filosofía de la historia de Hegel.

Karl Marx

En la obra de Karl Marx, miembro en un inicio de la izquierda  Hegeliana, se establece también una filosofía de la historia que puede caracterizarse como “progresista“, en su análisis del desarrollo de las fuerzas productivas y como estas involucraban cambios en las relaciones sociales de producción, Marx distingue el paso de la historia por diferentes modos de producción: el esclavista, el feudal y el que era objeto de su análisis, el Capitalismo. Para él, el sistema Capitalista responde a condiciones históricas específicas y va dejar el paso al Comunismo como última etapa de la historia. Sus contradicciones internas, como el despojo de los trabajadores y su creciente pauperización, así como la sobrexplotación a la que se verán  forzados los capitalistas para tratar de controlar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de beneficio, harán que el Proletariado tome el poder y éste establezca una dictadura temporal “Socialismo”, que acelerará la historia y llevará a la humanidad a lo que se ha dado en llamar “el paraíso comunista“, en el que cada individuo se reconocerá como productor y podrà apropiarse de lo que realice, dominando la naturaleza y liberándose de relaciones sociales oprimentes.

La afirmación de Marx de haber encontrado las leyes (científicas) de la historia y el progreso humano, hicieron que el carácter ideológico de su sistema tenga una gran aceptación entre muchos intelectuales y que no se tomen en su verdadera dimensión las consecuencias de aceptarlas.

Referencias

Eliade, Mircea (1968) “El Mito del Eterno Retorno. Arquetipos y Repetición”. Buenos Aires – Barcelona : Emecé Editores.

Fukuyama, Francis (1990) El debate sobre el “ Fin de la Historia “ . Reviste Facetas, N° 89. 3/90

Nisbet, Robert (1980) “Historia de la Idea de Progreso“ Barcelona : Editorial Gedisa.

Popper, Karl (1973) “La miseria del Historicismo” Madrid : Alianza Editorial

Rossi, Paolo (1966) “Los filósofos y las máquinas 1400-1700“ Barcelona : Editorial LABOR

Touraine, Alain (1995) “Crítica de la Modernidad“ Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica

Posteado por: Samuel Tarazona | 29 diciembre, 2010

Carl Sagan, a 14 años de su partida

Este mes se cumplió un año más del fallecimiento del astrónomo norteamericano Carl Sagan (9/11/1934 – 20/12/1996) En nuestro medio fue principalmente conocido por la difusión que tuvo el documental “Cosmos: Un Viaje Personal” durante la década de los ochenta. Sin embargo, sus logros personales van más allá y lo colocan como una de las figuras más comprometidas con la divulgación de las ciencias y su impacto positivo en el desarrollo de la civilización. No sería exagerado pensar incluso que jugó un rol inspirador en muchas personas de ciencia de la generación actual.

Sagan se graduó como Licenciado de Artes en 1954 en la Universidad de Chicago y como Licenciado en Ciencias en 1955. Un año después obtuvo la Maestría en Física y un Doctorado de Filosofía en Astronomía y Astrofísica en 1960. Entre 1962 y 1968 trabajó en el Observatorio Astrofísico Smithsoniano en Cambridge, Massachussetts. En 1968 comenzó a dictar clases en la Universidad de Cornell en Nueva York, en 1971 se convirtió en profesor a tiempo completo y en 1976 asumió como profesor David Duncan de Astronomía y Ciencias Espaciales. Dirigió también el Laboratorio de Estudio Planetarios de dicha universidad. De 1972 a 1981 fue Director Asociado del Centro de Radio Física e Investigación del Espacio en Cornell.

Estuvo involucrado en el desarrollo del programa espacial americano desde sus comienzos. En la década de 1950 en adelante trabajó como consultor de la NASA. Contribuyó además con muchas misiones robóticas de exploración del sistema solar incluyendo las sondas Mariner que aterrizaron en Venus en 1962 y confirmaron algunas teorías suyas sobre las condiciones atmosféricas del planeta. Estuvo entre los primeros en proponer que en la luna Titán de Saturno existirían compuestos en estado líquido así como que en la luna Europa de Júpiter podrían haber océanos debajo de una superficie congelada (ambas teorías comprobadas luego) Sus estudios de la atmósfera de Venus lo llevó a concluir que nuestro planeta podría llegar un día a tener las mismas condiciones de efecto invernadero si el calentamiento global continuaba su crecimiento o se desataba un conflicto nuclear.

De tendencia agnóstica se describió frecuentemente como escéptico y fue un gran difusor de las ciencias siendo una de sus preocupaciones que el conocimiento y el trabajo de los científicos sea conocido por el público en general. Entre 1978 y 1980 trabajó en el desarrollo de la serie “Cosmos; Un Viaje Personal” para la cadena pública norteamericana PBS la cual se emitió con gran éxito y lo catapultó como figura mediática. El aprovechó esta exposición para difundir sus ideas sobre la ciencia, la religión y el lugar de la humanidad en el universo. La serie constaba de 13 capítulos y tuvo varias reediciones a través del tiempo, tanto para su difusión en EEUU como internacionalmente, así como una reedición en DVD con actualizaciones del mismo Sagan sobre descubrimientos realizados en los años que pasaron desde que se emitió la serie.

Los temas que trató la serie fueron los que preocuparon siempre a Sagan y su forma de presentarlos la de un apasionado por las maravillas del cosmos con grandes deseos por que todos se dieran cuenta de ello. El uso de técnicas y efectos especiales novedosos para la época permitieron que el espectador sea partícipe junto con Sagan del origen del universo y la formación de galaxias, planetas y la vida misma. Asimismo se recrearon a personajes y eventos históricos relacionados con descubrimientos científicos y se explicaron de manera didáctica teorías complejas como la relatividad o las múltiples dimensiones. Su inquietud fue que el espectador se involucrara y percibiera que la ciencia era un medio para llegar a descubrir la verdad y el origen de lo que nos rodea, manteniendo la capacidad de asombro por las cosas más simples ya que en ellas podría descubrirse lo increíblemente complejo.

La serie fue ganadora de los premios Emmy y Peabody de 1980, fue transmitida en más de 60 países y ha sido vista por 500 millones de personas.

Sagan fue un ferviente creyente de la existencia de vida extraterrestre y fue miembro del Instituto SETI que se fundó para tratar de captar emisiones de radio que podrían tener su origen en civilizaciones inteligentes. Uno de sus proyectos fue la idea de enviar en las sondas Pioneer y Voyager unos discos de oro grabados con mensajes que pudieran ser descifrados por civilizaciones inteligentes que se encontraran con las sondas cuando estas salieran del sistema solar. En los discos se grabaron imágenes de un hombre y una mujer, escenas y sonidos de la Tierra e instrucciones de localización de nuestro planeta en lenguaje matemático y simbólico. También se recopiló música de diversas partes del mundo.

Aparte de sus publicaciones en el ámbito científico fue autor de libros de divulgación científica como “Cosmos” (basada en la serie del mismo nombre), “Los Dragones del Edén: Especulaciones sobre la Evolución de la Inteligencia Humana” (ganadora de un Pulitzer), “Cerebro de Broca” entre otros. Sagan también escribió algo de ficción como la novela “Contacto” que fue llevada al cine en 1997 luego de su muerte.

En 1990 convenció a la NASA de redirigir la sonda Voyager 1 que en ese momento se encontraba a 6 mil millones de kilómetros de la Tierra (más allá de la órbita de Neptuno) y tomar una foto de la Tierra desde esa distancia. El resultado fue la llamada foto del “punto azul pálido” que dio la vuelta al mundo. En 1994 publicó el libro “Pale Blue Dot: A Vision of the Human Future in Space” como una secuela de “Cosmos” teniendo como inspiración dicha fotografía.

Murió a los 62 años de neumonía, luego de batallar por 2 años con la enfermedad de mielodisplasia (una anomalía en el desarrollo de las células sanguíneas) el 20 de Diciembre de 1996, siendo la noticia publicada por diversos medios de comunicación en todo el mundo.

Los que conocimos parte de su trabajo debemos reconocer la valía de Carl Sagan, no sólo como hombre de ciencia sino y tal vez más, como promotor de la misma y un convencido de la necesidad de difundirla y apreciarla más que como una suma de conocimientos sino más bien como una filosofía, una forma de ver el mundo y darnos cuenta del lugar que la humanidad ocupa en el universo: “somos polvo de estrellas que piensa acerca de las estrellas”.

Particularmente debo confesar que cuando yo era niño Carl me enseñó a pensar y racionalizar cuando al mismo tiempo el colegio sólo me obligaba a memorizar textos. Carl me enseñó que buscar respuestas a grandes enigmas como el origen del universo o de la vida podía ser una actividad emocionante. Carl supo como conectarse con mi necesidad de saber más de un modo que ninguno de mis maestros de escuela supo hacerlo.

Hoy en día no tenemos a nadie que siga sus pasos. La ciencia se encuentra en un punto de desarrollo como nunca antes lo ha estado pero los científicos no son capaces de inspirar a los jóvenes con su trabajo. La forma como llega la ciencia a las personas es a través de dispositivos tecnológicos que sólo suman funciones a lo ya inventado hace décadas. Existen grandes cadenas de canales de documentales pero presentan información como si de una película cómica o de efectos especiales se tratara y aunque sea muy buena no es transmitida de un modo que involucre a las personas y las haga reflexionar.

Deseo terminar con un párrafo de uno de sus últimos libros que dice mucho de como él veía la sociedad de su tiempo y como lamentablemente no se diferencia mucho de la actual:

“Si no podemos pensar por nosotros mismos, si somos incapaces de cuestionar la autoridad, somos pura masilla en manos de los que ejercen el poder. Pero si los ciudadanos reciben una educación y forman sus propias opiniones, los que están en el poder trabajan para nosotros. En todos los países se debería enseñar a los niños el método científico y las razones para la existencia de una Declaración de Derechos. Con ello se adquiere cierta decencia, humildad y espíritu de comunidad. En este mundo poseído por demonios que habitamos en virtud de seres humanos, quizá sea eso lo único que nos aísla de la oscuridad que nos rodea.”

Posteado por: Raúl García Carpio | 28 diciembre, 2010

A Propósito del Cumpleaños Número 100 de Ronald Coase

Este 29 de diciembre cumple 100 años de vida el famoso economista Ronald Coase. Ronald Coase es considerado el fundador del Análisis Económico del Derecho y de la “Nueva Economía Institucional”, habiendo recibido el premio Nobel de Economía en 1991. Algunas personas les sonará familiar este nombre por diversos motivos, uno de los cuales es el reconocimiento explícito que suele hacer Hernando de Soto a su influencia e incluso el comentario que hizo Coase del libro de De Soto “El Misterio del Capital”. Sin embargo, los aportes de Coase a la teoría económica y, más en general al análisis de las instituciones y organizaciones, es múltiple y va más allá de algunas ideas divulgadas hasta el cansancio por algunos de sus discípulos. 

Ronald Harry Coase nació en Willensden Reino Unido. Es hijo de dos empleados de correos. Estudió en la London School of Economics donde se graduó en 1932 y empezó a trabajar como profesor en la Dundee School of Economics and Commerce (1932-1934), en la Universidad de Liverpool (1934 -1935) y en la London School of Economics (1935-1939 y 1946-1951). Emigró a Estados Unidos, trabajando en la Universidad de Buffalo (en el Center for Advanced Studies in the Behavioral Sciences), en la Universidad de Virginia y a partir de 1964 en la Universidad de Chicago en la escuela de leyes. Fue editor de la revista “Law and Economics” de 1964 a 1982.

El primer artículo famoso de Coase fue el denominado “The Nature of the Firm” (“La Naturaleza de la Empresa”), escrito en 1937 para la revista Economica. En este examina de una forma documentada y original las diferentes teorías que pretendían explicar el origen de la empresa, demostrando que todas fallaban en ese propósito puesto que les faltaba considerar las formas alternativas en las cuales se podían organizar las actividades económicas. Así, las explicaciones de la generación de economías de escala, de ganancias por la especialización (propuesta por Adam Smith y desarrollada por Maurice Dobb), la del manejo de riesgos de Frank Knight y otras eran insuficientes para explicar de forma lógica porqué surgían las empresas, cómo se explicaban sus límites (porqué no hay una sola gran empresa) y que sucede en su interior. Lo que les faltaba a estas teorías era considerar que existen costos de organizar de forma interna las actividades pero que también existen costos de usar el mercado, a lo que denominó “costos de transacción”. Estos costos incluyen desde el tiempo necesario para identificar el producto que se va a comprar, incluyendo la calidad, hasta el costo de hacer respetar los contratos y protegerse del oportunismo. Este costo se incrementa cuanto más específicas son las transacciones..

Entre los discípulos de Coase destacan Oliver E. Williamson, premio nobel de economía en el año 2009, quien ha desarrollado el cuerpo teórico de la teoría de los costos de transacción y ha mostrado su poder de análisis desde temas de organización industrial hasta el funcionamiento del mercado laboral, tal como lo muestra su espléndido libro “Las Instituciones Económicas del Capitalismo” de 1985. Sin embargo, algunas explicaciones dadas por Williamson a casos emblemáticos como la fusión entre General Motors y la empresa que le proveía carrocerías (Fisher Body) han sido bastantes diferentes y ha dado origen a uno de los últimos artículos académicos escritos por Coase en el año 2000 ( “The Acquisition of Fisher Body” by General Motors, publicado en el Journal of Law and Economics)  donde argumenta que la fusión más que a problemas de oportunismo de los hermanos Fisher se debió a problemas de coordinación intrínsecos a estas transacciones.

Estas ideas y otras fueron desarrolladas con mayor detalle en su artículo de 1960 en el Journal of Law and Economics llamado “El Problema del Costo Social” (The Problem of Social Cost), considerado el artículo más citado en la literatura económica donde argumenta que cualquier sistema de asignación de precios tiene un costo y que es posible hacer un análisis económico de las reglas, las formas de organización y los métodos de pago.

El aporte más conocido de Coase, y más bien puntual dentro de su teoría, es el famoso “Teorema de Coase”, llamado así por su amigo George Stigler de la Universidad de Chicago. Este “teorema”(nunca fue formulado de forma analítica), se inserta dentro de la discusión de un fenómeno denominado en economía como “externalidades”, las cuales consisten en efectos de las actividades económicas no considerados en el sistema de precios sobre otros agentes, siendo el caso típico es de la contaminación ambiental. Una primera propuesta a estos problemas fue dada por el profesor Pigou quien proponía justificar la intervención del Estado mediante la imposición a quien contamina. Coase critica este argumento por varias razones. La primera es que la recaudación del impuesto difícilmente va a ir a los perjudicados. Segundo, si se ponen impuestos con este motivo también tendrían que establecerse subvenciones Tercero, es necesario identificar bien la magnitud del impuesto porque con un impuesto sobre una externalidad negativa ésta disminuirá. Pero no siempre es deseable eliminar toda la externalidad, porque es posible que lo que se gane con ello sea menos de lo que se pierde con la eliminación de la actividad productora de externalidades. Ante ello plantea una situación hipotética de dos agentes, (A y B), donde A causa una externalidad al agente B y es responsabilizado por estos daños (porque así lo establecen los tribunales). A puede compensar a B de tal manera que lo que pierda B por seguir llevándose a cabo la actividad (ya sea de producción o de consumo) generadora de la externalidad (o debido a los gastos por protegerse de la misma), sean menores que lo que gana como consecuencia de la compensación o indemnización por parte de A; mientras que el pago que realiza A deberá ser inferior a la pérdida que podría tener si tuviera que cesar su actividad o trasladarse a otro lugar para efectuarla. Es decir, en ausencia de costos de transacción y con derechos de propiedad bien definidos  (más debía decirse como indican algunos “derechos de apropiación”) es posible que por medio de la negociación los agentes lleguen a una solución de la externalidad que reduzca el costo social y revele mejor sus preferencias. Esta “solución” dio origen a una serie de críticas y análisis, incluyendo las realizadas por Samuelson, las cuales sería largo discutir en este breve artículo.

Coase siempre estuvo interesado también en los servicios públicos, quizá por el trabajo de sus padres, habiendo realizado artículos sobre fijación de precios en el caso de correos, los faros y las emisoras públicas de radio, siendo destacada su crítica a la fijación de precios basada en los costos marginales para los servicios públicos. Como se recordará en los años treinta surgieron una serie de discusiones sobre cómo fijar precios a los servicios públicos donde había importantes economías de escala y ámbito y operadores que tenían características de monopolio natural (es decir donde era eficiente que exista un solo operador).

En su artículo “The Marginal Cost Controversy” de 1946, publicado en la revista Economica, argumenta que cobrar sólo el costo marginal (que la teoría estándar indica como la primera opción para maximizar el bienestar), haría necesario que los costos no cubiertos por el monopolista (se sabe que en estos casos el costo medio es mayor que el marginal), tendrían que ser cubiertos con ingresos de impuestos u otra fuente de financiamiento lo cual tiene un costo de oportunidad de uso de los fondos públicos. Ello podría hacer que se terminen financiando proyectos que no son rentables socialmente debido a que no se cobra en el sistema de precios todos los costos del proyecto. Ante ello planteó un esquema de tarifas en dos partes, cobrar el costo marginal por el consumo de cada unidad y cobrar un cargo fijo que se destine a financiar los costos fijos no cubiertos. Como se demostró posteriormente este sistema era óptimo y aseguraba la rentabilidad social de los proyectos siempre que los consumidores fueran homógeneos. En este caso, la mejor forma de asegurarse si valía la pena o no realizar la obra era ver si los consumidores estaban dispuestos a pagar el cargo fijo, es decir que el bienestar generado sea mayor que el costo no cubierto cobrando el costo marginal.

Ronald Coase también tuvo gran influencia en la reforma del sistema de reparto de licencias del espectro electromagnético para la radio, gracias a su artículo The Federal Communications Commission (1959) donde criticaba el mecanismo de concesión de licencias, proponiendo que los derechos de propiedad eran un método de asignar el espectro a los usuarios.

Otra de sus contribuciones importante es la “Conjetura de Coase”, plasmado en su artículo Durability and Monopoly” publicado en 1972 en el Journal of Law and Economics, donde argumenta de manera más bien informal sobre los monopolistas de productos perecederos. Indica que estos no tienen mayor poder de mercado porque son incapaces hacer creíbles sus compromisos de no bajar los precios en periodos futuros.

Revisando los artículos de Coase uno puede notar que no usa ecuaciones en sus argumentos (pero sí algunos gráficos muy novedosos para su época como los de su artículo “Monopoly Pricing with Interrelated Costs and Demands” en la revista Economica de 1946), lo cual ya no es usual en economía en la actualidad, y que nos hace recordar que lo más importante después de todo son las ideas claras y bien argumentadas, así como la profundidad de la visión de cada tema.

Un link al Ronald Coase Institute

http://www.coase.org/

La lectura de Coase cuando le dieron el Premio Nobel en 1991

http://nobelprize.org/nobel_prizes/economics/laureates/1991/coase-lecture.html

 

 

Posteado por: Samuel Tarazona | 22 diciembre, 2010

¿Evidencias de un Universo Cíclico o Interpretación Errónea de Imágenes?

La teoría de un universo cíclico se remonta a los años 30 cuando científicos, entre los que se incluía Albert Einstein, plantearon una alternativa a la Teoría del Big Bang. Esta consistía en que el universo actual era uno más en una cadena de sucesivos eventos que generaban universos, es decir, ciclos completos de expansiones y contracciones; sin embargo, respetando la Segunda Ley de la Termodinámica, la entropía aumentaría en cada ciclo, lo que implica que si retrocedemos en el tiempo los ciclos durarían cada vez menos hasta llegar a un punto inicial donde todo se inició, es decir el Big Bang que la teoría quería descartar.
 
Un nuevo modelo de universo cíclico fue propuesto en esta década por Paul Steinhardt de la Universidad de Princeton y Neil Turok de la Universidad de Cambridge, en vista de los descubrimientos realizados sobre la existencia de la materia y la energía oscura y el hecho de que el universo está acelerando su expansión a una velocidad mayor que la predicha por el modelo estándar del Big Bang.
 

Este nuevo modelo considera al universo como producto del choque de dos láminas tridimensionales (3-branas) que colisionaron hace millones de años siendo el universo tetradimensional visible una de esas branas quedando la otra brana oculta a todas las fuerzas del universo excepto a la gravedad. El ciclo se sucedería por el choque de estas dos branas cada cierto periodo de tiempo cuando la materia y la energía se reducen a cero producto de una expansión acelerada del universo. Las dos branas quedarían con pequeñas fluctuaciones cuánticas o “imperfecciones” que ocasionarían la acumulación de materia y energía en algunas partes del próximo universo generando las nuevas galaxias y estrellas. Como parte de la Teoría de Supercuerdas, esta nueva visión de un universo cíclico aún tiene muchas preguntas que responder empezando con el concepto mismo de branas, lo que ocurre en el choque de dos de ellas y como interactúan todas las dimensiones involucradas.

Anillos encontrados en la Radiación de Fondo

Un modelo de universo cíclico ha sido propuesto por Roger Penrose y llamado Cosmología Cíclica Conforme. Esta teoría es tratada en su nuevo libro “Ciclos de Tiempo: Una Extraordinaria Nueva Visión del Universo” el cual será publicado en mayo del próximo año. En noviembre de este año, en conjunto con Vahe Gurzadyan del Instituto de Física Yerevan (Armenia), Penrose indicó haber descubierto evidencias de la existencia de antiguos universos que existieron antes del nuestro y que se encontrarían ocultas en la radiación de fondo de microondas (último vestigio del Big Bang sucedido hace 13.7 mil millones de años según la teoría) lo cual es consistente con su modelo.

Estas evidencias – descritas como fluctuaciones de baja temperatura en la radiación de fondo y mostradas como anillos concéntricos en imágenes del satélite WMAP – fueron interpretadas por Penrose y Gurzadyan como posibles impactos de agujeros negros supermasivos que sucedieron en un universo precedente al nuestro y que habrían dejado su huella en el Big Bang que originó el nuestro.

Como toda teoría que amenaza remover los cimientos de lo poco que conocemos sobre el origen del cosmos, muchos científicos dieron su opinión al respecto habiendo un consenso en contra de la teoría de Penrose y su equipo. Uno de ellos, Amir Hajian del Instituto Canadiense de Astrofísica Teórica, indica que Penrose falla al no tomar en cuenta que cada fluctuación de temperatura en la radiación de fondo tiene su correlación con las temperaturas de las áreas adyacentes proveyendo la estructura de como se distribuyeron las galaxias en el universo actual.

Adam Moss y sus colegas de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver tuvieron una conclusión similar indicando que “Gurzadyan y Penrose no han encontrado evidencia de fenómenos pre Big Bang, sino que simplemente han redescubierto que la radiación cósmica de fondo contiene una estructura”.

El consenso es que estos patrones circulares hallados por Penrose sí existen, pero son consistentes con el modelo actual de origen del universo y no requieren una teoría pre Big Bang para su explicación.

Penrose y Gurzadyan han argumentado que sus simulaciones dan mejores resultados que otros estudios previos donde los círculos son consistentes con la teoría actual. Los círculos de baja variación de temperatura están agrupados y no aleatoriamente distribuidos lo cual no puede ser explicado por inflación sino por una noción de universo que implica múltiples ciclos, cada uno producto de un Big Bang.

Como sea que Penrose y su equipo estén en lo correcto o no es notable ver como una aseveración suya basta para movilizar a todo el mundo científico que se dedica a estudiar el origen del universo. Esperemos que sus estudios no sean descartados tan fácil y rápidamente como parece y provean una base para entender mejor como se originó el universo.

Nota: tener en cuenta que la foto adjunta donde se aprecian los anillos ha sido modificada para que se aprecien con mejor detalle. En realidad no son tan evidentes.

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